La Facultad de Sagrada Teología de la Fundación Universitaria Unicervantes participó en el V Seminario Internacional de Historia del Catolicismo del Siglo XX en América Latina con la ponencia del profesor Andrés Leonardo Reyes Cabrera titulada «El latín, lengua litúrgica: Colombia en la reforma litúrgica durante el Concilio Vaticano II». El encuentro, celebrado en Bogotá del 21 al 24 de septiembre de 2026, reunió a investigadores de diversas instituciones y países para compartir avances sobre la historia del catolicismo latinoamericano. Unicervantes participó también como una de las instituciones organizadoras de este espacio académico.
La intervención del profesor Reyes Cabrera abordó una pregunta relevante para comprender la historia religiosa del país: ¿qué propusieron las autoridades eclesiásticas colombianas sobre la liturgia y sus lenguas antes de la apertura del Concilio Vaticano II? Desde esta perspectiva, la ponencia dirigió la atención hacia las inquietudes locales que precedieron a las discusiones conciliares y que permiten estudiar la participación de Colombia en un proceso de alcance universal.
El trabajo se fundamenta en la lectura, traducción y análisis de documentos de la etapa antepreparatoria, en los cuales quedaron consignadas las solicitudes y preocupaciones enviadas a Roma desde distintos contextos eclesiales. Estas fuentes permiten acercarse a las necesidades que obispos y responsables de territorios misioneros identificaban en la vida cotidiana de sus comunidades, así como a sus expectativas frente al concilio que se preparaba.
El interés de estos documentos radica también en el momento en que fueron redactados. Al recoger expectativas anteriores a la apertura conciliar, permiten reconstruir las preguntas que circulaban en las Iglesias locales antes de conocer las decisiones del Concilio. Así, el análisis distingue entre las propuestas iniciales, las discusiones posteriores y los procesos de aplicación de las reformas, etapas relacionadas que requieren una atención histórica específica.
Uno de los ejes de la exposición fue la relación entre el uso del latín, la comprensión de las celebraciones y la participación de los fieles. La ponencia mostró que esta discusión comprendía cuestiones de formación, transmisión de la fe, identidad comunitaria y atención pastoral. El estudio de la lengua litúrgica exige, por ello, considerar tanto su valor histórico y teológico como las condiciones concretas en las que una comunidad escucha, comprende y participa en la oración.
En este marco, el investigador destacó la diversidad de las propuestas colombianas. Las respuestas a la consulta romana expresaron distintas maneras de entender la adaptación de los ritos, el lugar de las lenguas vernáculas y la conservación del latín. Esta pluralidad invita a examinar cuidadosamente cada documento y su contexto, evitando atribuir una posición uniforme al conjunto de la Iglesia del país.
La atención a la diversidad territorial ocupa un lugar relevante en este acercamiento. Las fuentes invitan a considerar cómo las condiciones de formación, las distancias, las tareas misioneras y las necesidades de las comunidades influían en la manera de formular las solicitudes. Estudiar estas voces amplía la mirada sobre la historia eclesiástica colombiana y permite reconocer la importancia de regiones cuyas experiencias merecen mayor presencia en los relatos sobre la renovación litúrgica.
La exposición también situó las preocupaciones lingüísticas junto a otros asuntos presentes en las fuentes, como la formación sacerdotal, la organización de la vida pastoral y la revisión de determinadas prácticas litúrgicas. Su lectura conjunta permite comprender que las propuestas de renovación surgieron en medio de circunstancias sociales, culturales y territoriales diversas. Las necesidades de las ciudades, las diócesis y las regiones misioneras ofrecían perspectivas particulares sobre problemas compartidos.
Otro aporte de la ponencia fue la reflexión sobre el vínculo entre oración, fe y vida, expresado mediante la relación entre lex orandi, lex credendi y lex vivendi. Desde este horizonte, la lengua de la celebración constituye un vehículo de memoria y de transmisión de la fe, cuyo estudio conecta la historia de los textos con la experiencia de las comunidades que los utilizan.
Desde esta perspectiva, el estudio de la liturgia abre un campo de encuentro entre disciplinas. Las oraciones, los libros de uso litúrgico y las disposiciones sobre la celebración pueden examinarse como testimonios de la vida religiosa y de sus transformaciones. Su interpretación requiere atender al vocabulario, a los destinatarios y a las circunstancias de producción de cada texto, así como a la relación entre las normas y las prácticas de las comunidades.
El trabajo presentado evidencia, además, la importancia de las lenguas clásicas para la investigación histórica y teológica. La lectura directa de documentación latina permite reconocer matices, precisar conceptos y examinar las propuestas en sus propios términos. En esta investigación, la traducción constituye una herramienta fundamental para acercar las fuentes al debate académico contemporáneo y favorecer su estudio desde el contexto colombiano.
Para el ámbito universitario, este tipo de trabajo muestra la vigencia de una formación que articula el conocimiento de las lenguas con la interpretación histórica. El acceso a las fuentes en su idioma original ayuda a formular preguntas precisas y a revisar lecturas generales mediante evidencia documental. También ofrece posibilidades para la formación de estudiantes interesados en la historia de la Iglesia, la teología, la traducción y el estudio del patrimonio escrito.
La ponencia forma parte de un proyecto de investigación en curso sobre la participación de la Iglesia colombiana en las reformas litúrgicas y lingüísticas vinculadas al Concilio Vaticano II. Su desarrollo busca contribuir a una comprensión documentada del papel de las Iglesias locales en las transformaciones del catolicismo durante el siglo XX.
Con esta participación, la Facultad de Sagrada Teología de Unicervantes aporta al diálogo entre historia, filología y teología, y hace visible el valor de la investigación sobre fuentes para comprender el patrimonio religioso y cultural del país. La presencia de sus docentes en escenarios internacionales favorece el intercambio académico y abre nuevas posibilidades de colaboración en el estudio de la historia del cristianismo.


